En los Estados Unidos, la meca del póker, y escenario de los torneos y campeonatos de más reputación del mundo, país de visita obligatoria para fanáticos y jugadores profesionales, se logró sepultar sin demasiadas complicaciones una ley que hubiera hecho del póker como juego de apuestas, una disciplina mucho más popular, al habilitar su ingreso en hipódromos y canódromos a lo largo y ancho del país.
Bautizado el proyecto de ley 222 como la “Texas Poker Bill”, o ley del póker de Texas (referencia forzada más bien a la variante más popular del póker y no tanto al estado del que hereda su nombre y que ha propuesto la ley en cuestión), resulta ahora evidente que no logró sorprender o entusiasmar a los legisladores, que ya habían dado el visto favorable a una reducción de la propuesta original.
En un comienzo, ésta estipulaba que en los bares y restaurantes se permitieran conducir partidas de póker debido al riesgo que acarrean las partidas caseras, consideradas objeto del deseo de algunos delincuentes en el país del norte. (más…)