Los juegos de póker amistosos que se juegan por diversión o con un blind de unos pocos centavos, pueden convertirse en la perdición de aquellos jugadores de póker que tengan aspiraciones de profesionalizarse eventualmente. Trataremos de ilustrar esta cuestión.
Por lo general, la atmósfera en los juegos de amigos, amistosos, o por poco dinero con compañeros de trabajo o vecinos, nunca se entibia demasiado como para volverse amenazante, al menos a la escala de las partidas que se juegan por dinero. No hablaremos ni siquiera de lo poco que se compara con las partidas de campeonato.
No está mal que los juegos de amigos tengan estas características, a todos nos gustan los juegos amistosos y es cierto que nos beneficia de primera mano cuando nos ofrece la experiencia necesaria para mejorar nuestro nivel de póker.
El problema es que, por otro lado, nos adoctrina. En estos juegos, es probable que nos habituemos a incurrir en el mal hábito de pagar o, mejor dicho, apostar, por la pura gracia de hacerlo, sin vigilar cuidadosamente si es conviene o no, pues ¿quién quiere echar un ojo en estas cuestiones cuando está jugando por diversión?
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