Los que tienen mucha experiencia en el juego podrán decirte sin titubear que en la mesa de póker las emociones brotan con facilidad, tal vez en demasía; más aún cuando ganar o perder se define por una carta, una jugada mal pensada, o cuando el bote grande acaba en las manos de un bluff que no se supo desafiar a tiempo. Aprender a dominar las emociones negativas que surgen de situaciones como estas se vuelve esencial.
El término casi oficial sería “tilt”, que significa ladear, voltearse o volcar tiene más sentido en póker. Aquí, un pequeño catálogo de situaciones que seguramente te harían volver loco en la mesa de póker:
Demasiadas cartas malas. Una ronda de cartas que no se pueden jugar, por su baja denominación o desfavorable combinación high-low, seguro pondrá a prueba la paciencia de cualquier jugador. A esta altura, ni falta hace que digamos que el póker es un juego también de paciencia, y que la victoria llega más fácil con las mejores cartas.
Prestar demasiada atención a lo que dicen los oponentes. No es extraño que te hagan pasar un mal rato - no es personal, es una estrategia de juego. Vitorear por igual sus victorias o tus derrotas busca enajenarte de tu concentración. Recuérdalo.
Mala concentración o problemas personales. No te sientes a la mesa si tu cabeza no está puesta a todo o nada sobre el juego. Estar desconcentrado, o prestar atención a otros asuntos, te hará hacer malas jugadas, y ellas te llevarán al peor estado de ánimo para seguir jugando.
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