El Poker es un juego fascinante. Él se presenta como una estructura muy rica a la hora de analizar sus mecanismos. Lo interesante es que, muchas veces, los jugadores, por más profesionales que sean, no son concientes de lo que implican ciertos mecanismos de él.
En el Poker Abierto, la apuesta de apertura, es una de esas cosas que, si nos ponemos a reflexionar sobre ella, nos sorprende por sus significados ocultos. Cuando un jugador abre, con su apuesta inicial, en realidad carece de bases para realizar dicha apuesta. Es decir, el jugador está apostando, en el vacío, a su futuro juego. Porque, por supuesto, él no puede saber, a ciencia cierta, cómo será éste. Es decir, él no puede estar seguro, en base a las cartas que tiene en este momento, cómo será su juego posterior, qué cartas le tocarán en el futuro inmediato. Entonces, esta apuesta de apertura se basa pura y exclusivamente, en su instinto. El jugador confía, basándose en su fe en sí mismo y en su suerte, que en el futuro las cartas le serán favorables. Pero, realmente, él está apostando en el vacío.
Esta es una de las tantas cosas que hacen al Poker emocionante. La incertidumbre, el azar, el suspenso son componentes que están presentes en todo momento. Y ni que decir tenemos sobre la satisfacción de ver los pronósticos concretados y saber que nuestro instinto no se equivocó.
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